Ayer, la plaza otra vez. En la espera, entre canción y canción , y baile y baile por momentos, gambeteando entre la emoción y el análisis llegué a enhebrar algunas ideas.
Lo primero que sentí, fue la alegría de presenciar una época histórica. Leeré en los libros estos avatares , la victoria épica de un pueblo por sobre cualquier interés capitalista.
Sentí mucho amor: en viejos , en jóvenes, en jóvenes, en jóvenes alegres, en las parejitas, en las señoras con banderas . A todos se nos escapaba la felicidad. Sentí pasión por todos: ellos y nosotros.
Sentí lástima por aquellos que no pueden sentir , que no aman y no creen, pobres tipos en sus countries, presos de sus medios, en sus garitas y en su odio. Ayer votaron a Pino, hoy a Macri.
Y siento orgullo por la presi, dirán los incrédulos que nos pagaron para ir, para votar, que estamos fanatizados y ciegos.(Escucho al gil de Nelson Castro decir que ganó porque hizo creíble su discurso, pareciéndose a Susana Gimenez...).
Pero no soy ciega ni ignorante: basta con escuchar y ver quiénes están con ella: las madres, las abuelas, los incluídos, los trabajadores. Me basta saber que Pando la odia, que la señora de barrio Norte no la quiere , que la Nación no pierde ocasión de matarla.
Por eso queremos tanto a Cristina.

